–El tiempo vuela –dijo Julián antes de servirse otra taza de té–.Notando mi sinceridad, Julián continuó con la fábula simbólica que el yogui Raman le había ofrecido para ilustrar sus métodos para una vida más plena y radiante. Si de veras quieres mejorar tu mundo exterior, llámese tu 65 salud, tus relaciones o tus finanzas, debes primero mejorar tu mundo interior. . Dedicar un tiempo a dominar la propia mente, a ocuparse del cuerpo y nutrir el alma te pondrá en situación de desarrollar más riqueza en tu vida.
Cuanto más escuchaba al yogui Raman y más reflexionaba sobre el dolor y el sufrimiento de mi mundo anterior, mejor acogía la noción del kaizen, el constante y eterno enriquecimiento de la mente, el cuerpo y el alma –concluyó Julián. Pero cuando dediques tus energías a abrir las puertas de todo el potencial de esas tres cualidades humanas, saborearás el divino éxtasis de una vida iluminada.
Prepárate a vivir una vida de verdad, plena e intensa. En Oriente dicen que la suerte favorece a las mentes preparadas. Yo creo que la vida también favorece a la mente preparada. Tómate tiempo para reflexionar acerca de qué te está impidiendo llevar la vida que realmente te gustaría y podrías llevar. Pero una vez conquistas tus miedos, conquistas tu Vida.
– ¿Estás sugiriendo que debo cambiarme primero a mí mismo si quiero cambiar mi vida? Pero es la manera más segura de tener una vida más gozosa. – ¿Cómo hace uno exactamente para tener más coraje? –Como en la historia de antes: junta todas las piezas y tu mundo estará bien. En cuanto domines tu mente, tu cuerpo y tu carácter, la felicidad y la abundancia entrarán en tu vida como por arte de magia. Pero debes dedicar un tiempo cada día a trabajar en ti mismo, aunque sean sólo diez o quince minutos.
En unas pocas horas, Julián había revelado la más poderosa –y más sorprendente– información que jamás había oído. Yo había aprendido que mi mente guarda un tesoro en potencia. Había aprendido técnicas sumamente prácticas para serenar la mente y concentrar su poder en mis sueños y deseos. Había aprendido la importancia de tener un objetivo claro en la vida y de fijarme metas definidas en cada aspecto de mi mundo personal, profesional y espiritual. Julián había abierto la puerta de un manantial de vitalidad y serenidad interior en mi vida.
Esa noche, sentado en el piso de mi atestada sala de estar, aprendí lo que Julián llamó «los diez rituales de la Vida Radiante”. Trata de no atar tu vida con las cadenas de tu horario de tra-bajo. Céntrate en las cosas que tu conciencia y tu corazón te dicen que hagas. Cuando inviertas en ti mismo y empieces a elevar tu mente, tu cuerpo y tu personalidad a los más altos niveles, te sentirás casi como si tuvieras dentro un navegante personal que te dice qué cosas has de hacer para obtener los mejores resultados. Ya no te preocupará el reloj, y empezarás a vivir de verdad. –¿Y cuál era ese sencillo subritual que ibas a enseñarme? –pregunté. –Lee regularmente. Leer media hora diaria puede hacer maravillas. Pe-ro debo prevenirte: no leas cualquier cosa. Has de ser muy selectivo con lo que metes en el exuberante jardín de tu mente. Ha de ser algo inmensamente nutritivo; algo que sirva para perfeccionarte a ti mismo y a la calidad de tu vida.
Un día de invierno especialmente crudo, el gigante miró por su ventana y vio algo milagroso: aunque la mayor parte del jardín estaba cubierta de nieve, en mitad del mismo había un estupendo rosal rebosante de flores espectaculares. Cuando miré a Julián para decirle que su historia me había conmovido profundamente, vi algo que me sobresaltó: aquel acerado gladiador de 96 los tribunales que había pasado gran parte de su vida defendiendo a los ricos y los famosos se había echado a llorar.

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